martes, 31 de octubre de 2017

EL IMPACTO DE LA REALIDAD (2017)



Corea del Sur, 18 de mayo de 1980. La ciudad de Gwangju, al suroeste de la península, se prepara para llevar a cabo un levantamiento contra la dictadura militar de Chun Doo-Hwan, emergiendo desde el núcleo estudiantil y expandiéndose rápidamente por todos los rincones de la urbe. Sus voces a favor de la democracia quedaron apagadas por la represión que se extendió hasta el día 27 de mayo y, posteriormente, por unas heridas que se infringieron a su población y que siguen siendo recordadas a fecha de hoy. El pueblo no olvida lo que se conoce como la masacre de Gwangju, que dejó 165 víctimas de la sanguinaria violencia gubernamental y que quedan retratadas en la obra del director surcoreano Jang Hoon, “A Taxi Driver”, el cuarto largometraje del autor tras su ópera prima, “Rough Cut” (2008), que contaba con Kim Ki-Duk como guionista; el clásico espionaje entre el norte y el sur de “Secret Reunion” (2010) y la popular cinta bélica “The Front Line” (2011).

El nuevo cine surcoreano sigue revisando su propio pasado que, aunque en un primer momento se centró en el conflicto norte/sur, poco a poco se ha ido enfocando en otras cuestiones como la invasión japonesa de principios del siglo XX o diferentes hechos acontecidos durante los gobiernos militares que se sucedieron tras la guerra de Corea. El cineasta recurre a una historia íntima como excusa para presentar todo un merecido homenaje al Movimiento Democrático de Gwangju. Kim Man-Seob (Song Kang-Ho) es un taxista de Seúl que intenta vivir prácticamente al día por la gran cantidad de gastos que posee. Es viudo, por lo que mantiene a su hija lo mejor que puede, pero la mayor parte del día se encuentra sola, muchas veces al cuidado de su vecina y casera. En el bar, escucha que un extranjero necesita un taxi para una misión especial a cambio de mucho dinero. Así es como Man-Seob le roba a su compañero el cliente, Peter (Thomas Kretschmann), un periodista que desea llegar a Gwangju para grabar los incidentes que se están produciendo allí y poder mostrar las imágenes al mundo. Sin embargo, Man-Seob desconoce lo que está ocurriendo y mucho menos que el ejército, que él tanto defiende, ha tomado la ciudad.

La narración toma, de forma progresiva, una gran intensidad dramática a medida que transcurren los 137 minutos de metraje, describiendo los hechos que se producen durante el fin de semana del 18 al 20 de mayo, los dos días en los que Peter y Man-Seob no sólo tratan de plasmar en imágenes tal denuncia, sino que también intentan acercarse a los ciudadanos, a las víctimas que cayeron en los constantes enfrentamientos y a los familiares que continuaron con la lucha. Poco a poco, quedan en segundo plano las ansias de Peter por buscar una noticia que le otorgue popularidad internacional y dinero o las dificultades por las que pasa la vida de Man-Seob, el cual, en más de una ocasión, querrá tirar la toalla y volver a la estabilidad de Seúl. El impacto y la dureza del relato no se desprende sólo de la crueldad con la que el ejército intenta “apaciguar” a los revolucionarios, sino de la ceguedad con la que vivía Man-Seob hasta ese momento, que, aun residiendo en la capital, desconocía las circunstancias que se estaban produciendo al sur de su propio país. 

Es, precisamente, ese choque con la realidad el que genera el mayor de los efectos, representando a cada persona que no conocía tal suceso aún en la actualidad. El mérito es del popular actor Song Kang-Ho, quien colaboró anteriormente con Jang Hoon en “Secret Reunion”, pero que, además, ha protagonizado algunas de las obras más emblemáticas de este nuevo cine surcoreano, como “Joint Security Area JSA” (2000), “Sympathy for Mr. Vengeance” (2002) o “Thirst” (2009) de Park Chan-Wook; “Memories of Murder: Crónicas de un Asesino en Serie” (2003), “The Host” (2006) o “Rompenieves” (2013), de Bong Joon-Ho; o el original western “El Bueno, el Malo y el Raro” (2008) y “El Imperio de las Sombras” (2016), de Kim Jee-Woon, formando parte indispensable de la filmografía de tres de los directores más importantes de la última década en Corea del Sur.

Tras este macabro acontecimiento, que intentó ser silenciado a toda costa, se esconde una historia emotiva que, en parte, ha servido para dirigir la narración. En la vida real, Peter, o, mejor dicho, el reportero alemán Jürgen Hinzpeter, ha estado buscando a este taxista que le acompañó durante esos oscuros días. Por tanto, su colaboración fue indispensable para Jang Hoon, aunque, por desgracia, su fallecimiento en 2016 impidió que viera el montaje final de la película. Es por eso que Kretschmann carga una gran responsabilidad a sus espaldas y lo realiza con delicadeza y elegancia, otorgando un mayor protagonismo a su compañero de reparto, el siempre magnífico Song Kang-Ho y, en definitiva, el verdadero enigma de este relato que, aunque en el largometraje tenga rostro, en la vida real sigue permaneciendo en absoluto anonimato, aspecto que únicamente se revela con algunos valiosos testimonios del periodista durante los créditos.

“A Taxi Driver” es, sin duda, uno más de esos exitosos blockbusters que Corea del Sur viene produciendo desde el surgimiento de su nuevo cine, aunque, sin duda, no resultaba descabellado pensar en una evidente alta recaudación en la taquilla nacional al contar con una trama tan cercana para el pueblo surcoreano. Ya de por sí, es obvio que este tipo de narraciones captan fácilmente su atención, como se apreció en otras cintas antecesoras como “Oda a mi Padre” (2014), de JK Youn, o “The Admiral” (2014), de Kim Han-Min, dos de las obras más taquilleras de los últimos tiempos. La memoria histórica está más presente que nunca en el país, propiciando que, a nivel internacional, muchos tengamos la oportunidad y las ansias de conocer con mayor profundidad el pasado de esta nación.

Lo mejor: la valiosa interpretación del siempre impactante Song Kang-Ho. El fantástico homenaje que realiza Jang Hoon sobre un capítulo bochornoso de su historia.

Lo peor: pese a ser un suceso algo lejano, no sólo por la distancia que nos separa con Corea del Sur sino por las décadas que han transcurrido, es importante recordar ciertos valores que parecen caer en el olvido a la menor oportunidad.



lunes, 23 de octubre de 2017

TIERRA, AGUA, SANGRE Y VÍSCERAS (2013)



Es irremediable pensar en el exotismo que puede ofrecer un cine al que pocas veces hemos tenido el gusto de recibir en la cartelera. En plena era de la globalización, esos otros cines que permanecen en la periferia de lo que comúnmente conocemos están cada vez más al alcance de nuestras manos. Ya no sirve ningún tipo de excusa para no ampliar horizontes y dejarnos llevar por cinematografías de gran riqueza narrativa y estética. Este es el caso del cine islandés, que cada vez más forma parte de las programaciones de los mejores festivales internacionales, como sucedió con “De Caballos y Hombres”, una cinta de lo más peculiar que supone una grata experiencia para los más exigentes con el séptimo arte. Su director y guionista, Benedikt Erlingsson, sigue siendo un gran desconocido a nivel popular tras esta ópera prima y una segunda obra de tipo documental, “The Show of Shows” (2015), pero, al menos, ha logrado alzarse con un gran número de premios en los certámenes de San Sebastián, Tokio o Göteborg, entre otros muchos.

En esta ocasión, la película trata de enmarcar la relación existente entre un hombre y su caballo, la percepción de ambos ante la misma realidad, ante el amor y la muerte presentes en cada impactante y solitario paraje. Los sentimientos e instintos más primitivos afloran entre historias cruzadas con igualdad de protagonismo para el ser humano y el animal. Conductas que, a veces, superan la racionalidad propia, creando una especie de manada que embriaga a la naturaleza, cruel, hipnótica e, incluso, irreal. Los aires de libertad salpican cada instante para presentar un relato por momentos impactante, seductor, que busca cierto equilibrio en las historias de quienes pisan tan lejanas tierras.

Una extraña comedia en clave trágica que emana, ante todo, experiencia y un aroma experimental al partir de la llegada de un extraño, un foráneo de origen latino, Juan (Juan Camillo Roman Estrada), con el que surgirá la inestabilidad en una población autóctona. El brillante debut de Erlingsson clama originalidad durante sus apenas 80 minutos de metraje, en los que las diversas tramas son presentadas a través de la mirada de un caballo. Sobre el exótico paisaje del campo volcánico de Islandia, el punto caliente con la mayor actividad volcánica y un enclave único e impactante; nace la rivalidad, la desconfianza entre los vecinos, pero también la atracción y el enamoramiento. Precisamente, las emociones a flor de piel provocan una fuerte erupción capaz de arrastrar todo a su paso hasta culminar en lo más destructivo. 

La ceguedad de los personajes, embargados por una absoluta oscuridad opaca en su ausencia de comunicación, parece recibir cierta luz entre la relación que poco a poco surge entre Kolbein (Ingvar Eggert Sigurðsson) y Solveig (Charlotte Bøving), a quien el director otorga una mayor iniciativa en la trama romántica. Rostros desconocidos para el público centroeuropeo, aunque no tanto para el lugar de origen de la producción. Sin embargo, no es el caso de Sigurðsson, actor que, en ocasiones, comparte labor con la escritura y la producción, y que posee un gran número de títulos a sus espaldas, sin contar con su premiada actuación en “Angels of the Universe” (Friðrik Þór Friðriksson, 2000) por los European Film Awards. Con una trayectoria tan variada se enfrenta a un claro semental montado sobre su yegua al que su instinto le traiciona paralizándole. Es Solveig, encarnada por la actriz danesa Charlotte Bøving, quien, como auténtica amazonas, toma el control de una situación que parece inerte.

La espectacular imagen es trabajo del director de fotografía Bergsteinn Björgúlfsson, que posee una trayectoria de lo más variada entre cortometrajes, documentales y series de ficción. La gran afición por los caballos que posee Erlingsson no podía quedar en mejores manos, siendo, precisamente, a través del aspecto visual en donde se hace un especial hincapié a la exótica belleza que rodea las historias y sus personajes. Estamos ante una elegante puesta en escena extrañamente serena y mucho menos discreta en comparación a la narración que acompaña. La grandeza de su escenario sirve de contrapunto a la modesta pequeñez de sus tramas, casi episódicas. “De Caballos y Hombres” absorbe de forma magnética en su búsqueda por plasmar los instintos más elementales del ser humano, transformándolo en un animal más ante un retrato a veces cercano, otras chocante y, en el peor de los casos, violento y cruel hasta apartar la mirada de la pantalla.

Lo mejor: la labor fotográfica de Björgúlfsson y la sencillez de la narración elaborada por Erlingsson.

Lo peor: es una obra compleja de digerir, especialmente, por la brutalidad de algunas de sus escenas.


martes, 10 de octubre de 2017

EL ÉXITO DE UN PSICÓPATA (2012)



Siguiendo la estela de otras grandes producciones surcoreanas como “Memories of Murder (Crónica de un Asesino en Serie)” (Bong Joon-Ho, 2003) o “I Saw The Devil” (Kim Jee-Woon, 2010), “Confession of Murder” llegó en 2012 como la primera obra de ficción del director Jung Byung-Gil después de su debut tras las cámaras con el documental “Action Boys” (2008), en el que retrataba a cinco jóvenes estudiantes de la Seoul Action School en su búsqueda por llegar a ser actores de acción. Con dos premios nacionales a sus espaldas, como son el Baek San Art al mejor guion y el Gran Bell al mejor director novel, la cinta no supone una gran novedad en ese thriller surcoreano aderezado por asesinos en serie y dosis de venganza, pero, en cambio, cumple con la clásica estrategia de este cine al lograr reformular las expectativas del espectador durante las casi dos horas de duración. 

Las ansias de notoriedad llevan a Lee Du-Sok (Park Shi-Hoo) a presentar su libro ante la sociedad surcoreana a través de los medios de comunicación. Tras haber prescrito sus crímenes, las páginas de su obra literaria describen detalladamente cada uno de los macabros asesinatos que cometió en el pasado. Después de casi 15 años, el detective Choi (Jeong Jae-Yeong), encargado del caso por aquél entonces, descubre la identidad del asesino que tantos quebraderos de cabeza le dio. Por eso mismo, no puede evitar jugar sus últimas cartas para cumplir con la justicia, redimir el recuerdo de aquellas víctimas y compensar, así, a los familiares que tanto sufrieron. Al igual que él, Han Ji-Soo (Kim Yeong-Ae), que perdió a su hija a manos de Lee Du-Sok, también clama venganza, pero, cuando el camino parecía más iluminado que nunca, aparece un hombre que dice ser el verdadero asesino.

Que un psicópata pretenda captar la atención de los medios de comunicación para llegar a ser toda una celebridad por sus barbaries no es nada nuevo, ya no sólo en la vida real, sino también en el cine. Precisamente, el personaje de Lee Du-Sok sigue al pie de la letra este tipo de perfiles desde un punto de vista de lo más macabro, como es ofrecer a la sociedad toda clase de detalles escabrosos ante las delicias de una audiencia de lo más morbosa. Tal vez, en la vida real sería más que un escándalo casi impensable, pero “Confession of Murder” nos plantea una situación que, siendo objetivos, no suena tan descabellada en un mundo regido por el sensacionalismo y el poder de las cifras. Por eso mismo, la labor realizada por Park Shi-Hoo resulta más que loable en un rol más delicado de lo que aparenta ser. El actor, cuya carrera se centra mucho más en el ámbito televisivo, regresaba a la gran pantalla después de 6 años tras el estreno de “Mr. Bullet” (Cho Kyoung-Doo, 2006), mientras que, por su parte, Jeong Jae-Yeong, uno de los rostros más conocidos tras el éxito del popular blockbuster “Silmido” (Kang Woo-Suk, 2003), acababa de participar en importantes títulos como “Castaway on the Moon” (Lee Hae-Jun, 2009) o “Moss” (Kang Woo-Suk, 2010). Decir que su actuación es más que impoluta sería quedarse corto ante un personaje de mayores registros y de máxima carga dramática con el apoyo de su compañera de reparto, la gran actriz Kim Yeong-Ae, de gran carisma y con una trayectoria totalmente envidiable que, en los últimos tiempos, ha terminado centrándose en las series televisivas de mayor audiencia.

La tensión narrativa se mantiene hasta despegar en la segunda mitad de la cinta, aunque, en cambio, su desarrollo es más pausado de lo acostumbrado en este tipo de thrillers. Tal vez juegue en su contra este aspecto, pero lo que sí es cierto es que la laberíntica trama desafía a conciencia cualquier tipo de expectativa, desembocando en un clímax a contrarreloj que dispara la adrenalina y los elementos más dramáticos. Tampoco es un largometraje que posea grandes dosis de acción en comparación con otros de similares características, sino que su principal clave reside en los contundentes diálogos, repletos de detalles, dobles sentidos y enfrentamientos esenciales que procuran un mayor dinamismo. 

El director Kim Gi-Tae se hace cargo de una fotografía que sigue la línea de sus anteriores trabajos, como la película de acción “Rough Cut” (Jang Hun, 2008) o el premiado thriller “Bedevilled” (Jang Cheol-Soo, 2010). Muy clásico y sobrio en su estilo, “Confession of Murder” desvela la gran oscuridad que se percibe en la propia narración, creando fuertes contrastes en una imagen elegante y sutil que no termina de destacar, pero que logra sacar el máximo partido a la propia historia. Junto al menos conocido compositor Kim Woo-Geun, el resultado de la obra de Jung Byung-Gil es más que loable como debut, manteniendo expectativas muy positivas en una carrera cinematográfica más pausada de lo deseable, ya que han tenido que transcurrir otros 5 años hasta que “The Villaines” (2017), su segunda obra de ficción y más que esperado trabajo, viera la luz.

Lo mejor: la sobresaliente actuación del popular Jeong Jae-Yeong. La calidad de los diálogos en instantes muy decisivos de la narración.

Lo peor: la pausada primera mitad de la cinta merma, en cierta manera, un dinamismo que, por suerte, despega en los minutos restantes.