martes, 26 de diciembre de 2017

10 INESPERADAS SORPRESAS DEL 2017



1. "OKJA", de Bong Joon-Ho

Corea del Sur se unía a los atractivos de Netflix por primera vez a través de uno de sus directores más internacionales, Bong Joon-Ho. Sin embargo, su participación en el Festival de Cannes de 2017 no hizo más que desatar la controversia entre una productora que deseaba estrenar su proyecto en la popular “puerta europea del cine” sin querer atarse a las condiciones que se establecían. Por suerte, tanta polémica provocó una auténtica llamada de atención de los usuarios de la plataforma, pero también se ganó el boicot en la taquilla surcoreana alcanzando poco más de 2 millones de dólares. Independientemente de ello, la historia de “Okja” recuerda, en cierta manera, a los relatos ochenteros con los que muchos crecimos. La gran multinacional Mirando Corporation tiene un plan de negocio a largo plazo, por lo que ha creado una extraña criatura, que posteriormente ha clonado y ha enviado un ejemplar a varios cuidadores situados en diferentes partes del mundo. Uno de ellos es Mija (An Seo Hyun) y su abuelo, que conviven con la cariñosa Okja desde hace 10 años en un lugar idílico entre montañas. Lucy Mirando (Tilda Swinton) se asombra de las condiciones excepcionales en las que se encuentra el animal, por lo que decide llevar a Okja a Nueva York para culminar con sus ambiciosos objetivos. Llena de ingenio y sentimientos, la vida de Mija y su curiosa mascota no sólo recoge una reflexión ecológica y humana, sino que también posee, en su recta final, cierto paralelismo con el Holocausto nazi. Las protagonistas, destinadas a distanciarse por culpa de la ambición de Mirando y sus crueles intereses, luchan durante las casi dos horas de metraje para esquivar un destino incierto que remueve y destapa la verdadera esencia del hombre y la naturaleza. Inevitablemente lacrimógena al más puro estilo del cine surcoreano, la cinta también da cabida a un trepidante entretenimiento entre efectos digitales y una excelente fotografía a cargo del reconocido director iraní Darius Khondji.






2. "MINDHUNTER", de Joe Penhall

Probablemente, “Mindhunter” sea una de las series más destacadas de 2017. El dramaturgo, guionista y productor inglés Joe Penhall cuenta con la ayuda de cuatro directores para plasmar lo más oscuro de los asesinos en serie más famosos del siglo XX en una magnífica adaptación del libro “Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit”, escrito por el norteamericano Mark Olshaker y el exagente del FBI John E. Douglas. El danés Tobias Lindholm, los británicos Asif Kapadia y Andrew Douglas, y el aclamado cineasta estadounidense David Fincher se han embarcado en un proyecto que prácticamente absorbe al espectador desde el primer capítulo. Ambientada en 1977, la historia sigue los pasos de los agentes Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany), que comienzan a profundizar en las mentes de los hombres más peligrosos del momento para innovar nuevas técnicas de investigación. A través de su acercamiento a estos psicópatas, pretenden comprender sus comportamientos para evitar nuevos casos similares en el futuro. La curiosidad se dispara al desgranar la narración a fuego lento entre inquietantes silencios y poderosos diálogos. Ya no es importante qué es lo que sucede, como en el clásico thriller, sino qué mente tan perturbadora se esconde tras cada macabro acto, cuál es la raíz de estos crímenes. Por lo que estamos ante una producción escalofriante que atesora grandes palabras sin necesidad de acudir a la gratuidad de la acción. Ciertos elementos reales aportan toda la credibilidad que necesita, contando, en su primera temporada, con relatos de asesinos sobradamente reconocidos, como el inesperado Ed Kemper (Cameron Britton), Jerry Brudos (Happy Anderson), Monte Rissell (Sam Strike) o Richard Speck (Jack Erdie), entre alguna que otra sorpresa.






3. "MADRE!", de Darren Aronofsky

Sólo ciertos directores pueden ser capaces de crear una gran obra que deje al espectador reflexivo durante varios meses y, precisamente, el cineasta norteamericano Darren Aronofsky es uno de ellos. Una sacudida contundente a los sentidos y emociones en la que parece, en un principio, una trama sencilla con cierta comicidad. Una mujer (Jennifer Lawrence) y su marido, (Javier Bardem), renuevan una vieja casa en mitad del campo. En plena noche, reciben la visita de un médico (Ed Harris) pero, a pesar de confundir el lugar con un pequeño hospedaje, es invitado a pasar la noche. Sin embargo, poco después, llega su esposa, una extrovertida mujer (Michelle Pfeiffer) sin tapujos, que parece adueñarse de la estancia como si fuera su propio hogar, mientras que la protagonista es testigo de extraños comportamientos de cada vez más personas a las que es imposible expulsar. Toda una vuelta de tuerca entorno a la narrativa de “el otro” en forma de salto al vacío durante dos horas de metraje a ritmo pausado y con una tensión psicológica en aumento. El director de fotografía neoyorquino Matthew Libatique transforma la imagen a capricho en la que supone una de las películas más apocalípticas y enigmáticas del año. Lo más atractivo de la obra es que el autor deja libre cualquier vía de interpretación, una lógica que para cada espectador parece ser diferente y que va desde cuestiones bíblicas hasta la relación del hombre con la naturaleza. La exaltación del sonido ambiente sin necesidad de acudir a una banda sonora juega en favor del suspense de la trama, que genera cada vez más ansiedad, estrés y, curiosamente, incomprensión, favoreciendo un clímax apoteósico entre cenizas, una salvaje anarquía y una cruda violencia que desemboca en un estado de inconsciencia de lo más perturbador.






4. "A TAXI DRIVER", de Jang Hoon

La historia de Corea del Sur durante el siglo XX está llena de constantes cambios y conflictos a lo largo de sus gobiernos militares. Precisamente, “A Taxi Driver” viene a recordar uno de los instantes más macabros de estos años en forma de homenaje. La masacre de Gwangju durante la dictadura militar de Chun Doo-Hwan se produjo a finales de mayo de 1980, cobrándose la vida de 165 víctimas por la sanguinaria violencia gubernamental. El cuarto largometraje del director surcoreano Jang Hoon se centra en esos días, cuando Kim Man-Seob (Song Kang-Ho), un taxista de Seúl con una hija a su cargo le roba el cliente a uno de sus compañeros por pura desesperación, ya que se trata de una misión especial por la que obtendrá bastante dinero. Así es como recoge a Peter (Thomas Kretschmann), un periodista que desea llegar a Gwangju para grabar los incidentes que se están produciendo allí y poder mostrar las imágenes al mundo. Sin embargo, Man-Seob desconoce la gravedad del asunto y mucho menos que el ejército ha tomado la ciudad. Uno de los blockbusters surcoreanos más exitosos del año basado en una historia verídica que se trató de silenciar y que, gracias a un suceso emotivo, ha servido para crear un largometraje de obligada visualización. En la vida real, el reportero alemán Jürgen Hinzpeter ha estado buscando a ese anónimo taxista que le acompañó durante tan siniestros días. Por eso mismo, Jang Hoon contó con su colaboración para llevar a cabo este proyecto, aunque, por desgracia, su fallecimiento en 2016 impidió que viera el montaje final de la cinta. No obstante, Corea del Sur sigue pendiente de su memoria histórica desde un punto de vista crítico como nunca antes habíamos sido testigos de este cine, creando un fuerte impacto que, precisamente, es la clave de esta película.






5. "LO QUE LA VERDAD ESCONDE: EL CASO ASUNTA", de León Siminiani

La miniserie documental del director cántabro Elías León Siminiani y el productor Ramón Campos ha sorprendido tanto a crítica como a público con uno de los casos más perturbadores de 2013. La fascinante profundización en el asesinato de Asunta Basterra Porto, una niña de 13 años que desapareció en el municipio de Teo (La Coruña) y cuyos padres adoptivos fueron inculpados del crimen, repasa la investigación judicial aportando nuevas perspectivas del hecho. Sin duda, estamos ante uno de los trabajos más minuciosos que ofrece el panorama documental español, que aporta una asombrosa documentación para arrojar cierta luz a un macabro suceso. Tres capítulos en los que se revisan los testimonios de Alfonso Basterra y Rosario Porto, sus cartas personales y conversaciones bajo arresto, simulaciones del día del secuestro, diversas teorías y explicaciones o entrevistas a otras personas involucradas y a expertos que hilan la narración en orden cronológico, permitiendo que el público sea el encargado de sacar conclusiones y emitir los juicios oportunos. Una producción de lo más arriesgada que pone en tela de juicio todo el proceso desde diferentes puntos de vista junto a una crítica social del juicio mediático paralelo al que se sometieron todos los protagonistas del crimen. El recuerdo de la crónica negra que demuestra, una vez más, esas medias verdades, los extraños agujeros que surgen en la investigación, las incongruencias y la relatividad de lo que nos rodea, dejando un final abierto envuelto en un aura de misterio. Tampoco se trata de una meta, alcanzar un objetivo, sino que “Lo Que La Verdad Esconde: El Caso Asunta” se erige como un ejemplo televisivo de calidad y coherencia, en donde lo importante es el desarrollo, la sucesión de los hechos, la psicología de los involucrados y el buen periodismo.




6. "MEMOIR OF A MURDERER", de Won Shin-Yeon

Como cada año, no puede faltar un buen thriller surcoreano entre las películas más destacadas. En este caso, el director Won Shin-Yeon continua con la estela de los serial killer con su quinta producción, “Memoir of a Murderer”, pero desde una vertiente más profunda, oscura y aislada. Byung-Su (Sol Kyung-Gu) es un hombre mayor que padece Alzheimer y se encuentra al cuidado de su hija adolescente, Eun-Hee (Kim Seol-Hyun). En los momentos de mayor claridad recuerda su pasado como asesino en serie, una íntima parte de él que nadie conoce y que sigue permaneciendo en sus recuerdos por culpa de los últimos asesinatos que se han producido muy cerca del pueblo. Un día, tiene un accidente de coche por el que conoce a Tae-Ju (Kim Nam-Gil), uno de los policías de la zona con el que siente una terrible conexión. Una mente enferma en pleno proceso existencialista que infunde la duda tanto en los que le rodea como en el espectador y en él mismo, lo que genera varios giros argumentales que enriquecen una narración plagada de elipsis y agujeros, emulando el estado en el que se encuentra Byung-Su. Como siempre, la moralidad se tambalea entre lo malo y lo peor, estableciéndose límites cada vez más ambivalentes en los que ya no existe ni el bien ni el mal. La realidad y la ficción del protagonista se funden hasta la confusión, creando posibles espejismos y fantasmas que pueden llegar a esconder la verdadera realidad o, en cambio, revelar más de lo que él jamás hubiera deseado. Won Shin-Yeon juega constantemente con el público hasta llevarle a una confusión que sólo se aclara en su recta final, culminando en un desenlace en el que todo queda iluminado por la asfixiante memoria enferma de sus personajes. La pesada carga del pasado viene encadenada a unos perfiles psicológicos perfectamente retratados, siendo este aspecto uno de los elementos más atractivos de la película. 






7. "VERÓNICA", de Paco Plaza

La terrorífica obra del director valenciano Paco Plaza, “Verónica”, es una de las grandes sorpresas que nos ha traído 2017. Basada en un caso real, la historia está ambienta en el barrio madrileño de Vallecas durante el verano de 1991. La joven Verónica (Sandra Escacena) consigue un tablero de ouija para jugar con sus amigas en los sótanos de un colegio católico. Lo que sucede en la oscura sala marca un antes y un después en sus vidas, puesto que una peligrosa presencia sobrenatural pretende amenazar a toda la familia. Una inexplicable situación que el autor desarrolla con gran maestría durante 105 minutos de metraje, en los que los sustos están totalmente medidos, los efectos de sonido muy bien aprovechados y en los que la tensión aumenta lentamente, pero con paso firme. Su esencia clásica se sustenta, en parte, en el destacable trabajo de documentación, que, a pesar de tomarse ciertas licencias, aportan una asombrosa verosimilitud a una historia que deja el bello de punta. Por supuesto, no es ninguna sorpresa que el director de fotografía argentino Pablo Rosso esté detrás de tan magnífica labor visual. Un ambiente opresivo, terrorífico, cuidado hasta el más mínimo detalle en cuanto a esa ambientación noventera tan reconocible y siempre teniendo presente el verdadero expediente, que va ahogando más y más a la joven Verónica y a sus hermanos pequeños, verdaderos protagonistas de lo que ocurre entre los muros de un viejo piso en el que una presencia maligna se manifiesta a través de los objetos, las sombras, los sonidos y hasta los sueños. Con una sencillez hipnótica, la narración se sucede con total naturalidad, conduciéndonos por un aterrador camino sin retorno compuesto por varios giros inesperados y puertas que se abren en la inconsciencia de una mente joven e inocente que sólo cree en un peligroso juego para volver a hablar con su ser querido.





8. "EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO", de Yorgos Lanthimos

Es imposible permanecer imperturbable ante una obra del director griego Yorgos Lanthimos, que sigue sorprendiendo y elevando expectativas. Ideas existencialistas e inquietudes del ser humano forman parte de su trayectoria, dejando siempre un irremediable poso reflexivo que a veces es impagable. Steven Murphy (Colin Farrell) es un importante cirujano que ha formado su familia con una oftalmóloga, Anna (Nicole Kidman). A su consulta suele acudir Martin (Barry Keoghan), un joven de 16 años que ha perdido a su padre y que siente una gran admiración por el médico. Sin embargo, todo cambia cuando su hijo pequeño, Bob (Sunny Suljic), deja de andar de forma fortuita e inexplicable. Poco a poco, su estado empeora, complicándose la situación cuando su otra hija, Kim (Raffey Cassidy), se ve en las mismas circunstancias. Las advertencias le colocan en uno de los peores momentos de su vida al verse obligado a elegir entre llevar a cabo un sacrificio contra natura o perder todo lo que había conseguido hasta entonces. Lo que aparentemente parecía una simple trama de venganza se transforma en una siniestra narración de lo más angustiosa con ciertos toques de un inesperado humor ácido. Lanthimos vuelve a reivindicar ese autocuestionamiento tan característico en sus películas a través de decisiones precipitadas, forzadas por un transcurso del tiempo imparable. Estamos ante dos hipnóticas horas que se suceden a fuego lento, pero que, en cambio, transmiten una gran vertiginosidad mientras se agolpan los acontecimientos. Un largometraje de gran exigencia no apto para ciertas sensibilidades que cuenta con un fantástico elenco que desfila por espacios austeros prácticamente congelados y unos movimientos de cámara más arriesgados de lo que nos tiene acostumbrados el cineasta.





9. "EL TERCER ASESINATO", de Hirokazu Koreeda

Es la primera vez que el autor japonés Hirokazu Kore-eda realiza una inmersión en el género del thriller, distanciándose de sus trabajos anteriores que tanta popularidad le han generado. Por eso mismo, “El Tercer Asesinato” se convertía en una cinta especial, única en su filmografía, posiblemente porque puede que estemos ante un nuevo ciclo en su trayectoria o tal vez sea un simple coqueteo con otros géneros a los que el cineasta apenas había prestado atención. Shigemori (Masaharu Fukuyama) es un reconocido abogado que se hacer cargo del caso de Misumi (Kôji Yakusho), un presunto ladrón y asesino que confesó fácilmente sus crímenes nada más ser capturado. Hace 30 años, ya fue juzgado por otro homicidio, por lo que ahora se enfrentaría a una sentencia de pena de muerte. Todo aquello que parecía sencillo y cristalino se vuelve aún más complicado de lo que Shigemori pensaba. Su desgana frente a una condena evidente es transformada cuando, tras interrogar a varios familiares de la víctima y del propio criminal, sospecha que existe una verdad que se desea tapar, desvelándose que no todo es tan simple como él creía pensar. En poco más de dos horas de metraje, siempre a un pausado ritmo como suele ofrecer este cine, se suceden brillantes diálogos, silencios reveladores, miradas y gestos cargados de información y, en definitiva, la necesidad de cubrir una oscura y macabra realidad que no hace más que crear confusión en Shigemori. Kore-eda y su actual director de fotografía Mikiya Takimoto ensombrecen una atmósfera enrarecida, que contrasta con gran armonía con las panorámicas, los planos frontales y las sobreimpresiones. Un ambiente íntimo y personal que otorga todo el protagonismo a un elenco que supone el punto fuerte de la producción. Atrás quedan los dramas familiares, los toques de comicidad y las bondadosas reflexiones de un autor que sigue sorprendiendo con el transcurso de los años.





10. "THE BABYSITTER", de McG

Es cierto que “The Babysitter” no es lo mejor de 2017, pero, sin duda, es lo más destacable del popular “cine caspa”. El director estadounidense Joseph McGinty Nichol (McG), más conocido por las dos entregas de “Los Ángeles de Charlie”, se encarga de una producción enfocada a un público muy concreto dentro de la programación de la plataforma Netflix. Cole (Judah Lewis) es un niño de 12 años que se queda solo en casa, por lo que sus padres deciden contratar a una niñera, Bee (Samara Weaving), la atractiva vecina que muchas veces se ha encargado de él. Sin embargo, Bee llega acompañada por unos estereotipados amigos para amenizar una noche con un macabro rito satánico. En apenas 85 minutos de metraje, el cineasta desarrolla una terrorífica comedia de lo más divertida, repleta de acción, escenas sangrientas, clichés del género, persecuciones, locuras, algún que otro susto y, muy especialmente, risas. Con gran dinamismo, cada instante es aprovechado al más puro estilo freak, llegando a ser un producto de lo más ligero y entretenido sin importar su vacío narrativo ni la previsibilidad de la obra. De hecho, la premisa sólo se desarrolla enseguida para dar rienda suelta a una extraña historia que bebe del terror adolescente más ochentero. Con la llamativa fotografía del director neoyorquino Shane Hurlbut, con un toque de estética de videoclip y una exaltación de los detalles, la supervivencia en plena noche resulta sobradamente complicada con una villana de lo más variopinta que trata de jugar con los asistentes a la ceremonia para crear una tensión que sólo emerge en ciertos momentos muy concretos. Para este tipo de cintas, es importante no esperar nada de ellas y simplemente dejarse llevar por una historia más que sencilla que, sin ninguna expectativa, sólo busca el disfrute de quien la visualiza.


jueves, 30 de noviembre de 2017

UNA NOCHE A LA DERIVA (2005)



Resulta eterno el discurso entorno a las diferencias entre la mente femenina y masculina y muy probablemente siga extendiéndose en el tiempo con múltiples teorías que mueren con la misma rapidez con la que surgen. El cine tampoco escapa de sus garras, siendo uno de los temas más utilizados y reutilizados de su historia, aunque siempre se pueden encontrar pequeñas excepciones que consiguen captar nuestra cada vez más exigente atención. Este es el caso de “Conversaciones Con Otras Mujeres”, la segunda producción independiente del director, productor, guionista y editor estadounidense Hans Canosa. Mitad drama romántico, mitad comedia negra, lo cierto es que el sello “indie” a veces asegura descubrir alguna que otra joya difícil de encontrar, como es este caso.

Con tan sólo una obra a sus espaldas, “Alma Mater” (2002), con la que entraría tímidamente en unos pocos certámenes cinematográficos de Norteamérica, el cineasta se lanzó de lleno con una cinta que contaba con un elenco sumamente reconocible y una mayor disposición para salir del país, aterrizando en festivales como el de Valladolid o Tokio, en donde se alzó con el Premio Especial del Jurado. Curiosamente, el éxito en esta ciudad le llevó a realizar una cinta japonesa en 2010, “Memoirs of a Teenage Amnesiac”, que apenas trascendería más allá de las fronteras niponas. Una trayectoria fugaz que, sin embargo, le ha llevado más tiempo del esperado.

Una mujer (Helena Bonham Carter) viaja desde Londres a Nueva York para acudir a una boda en un hotel como dama de honor sustituta aun sabiendo que su expareja estará en el evento. Ella fuma sola en una mesa, mientras habla por teléfono. En el bar, un hombre (Aaron Eckhart) observa atentamente lo que hace. Ambos acaban manteniendo una larga y provocadora conversación que revela sus potenciales. Cada uno utiliza una táctica de acercamiento hacia el otro, creando una tensión sexual que les mantiene en una burbuja, fuera de sus problemas comunes, de sus familias, de su rutina. Su pasado se revela entre diálogos inteligentes, ingeniosos y repletos de irresistibles dobles sentidos que amenizan la extraña noche que están pasando los dos.   

Toda una original reflexión sobre las relaciones sentimentales, las emociones contenidas, los encuentros fortuitos y las segundas oportunidades, que no duda en ir al grano desde el primer momento. En apenas 84 minutos de metraje, las palabras desfilan sin respiro, con sumo tacto, sin malgastar saliva. Un diálogo brillante que ensalza una excelente narración, sin ataduras, al igual que la conexión que surge entre ambos personajes. Canosa demuestra hábilmente cuáles son sus verdaderos objetivos en esta obra, otorgando todo el protagonismo y libertad a ambos de manera equitativa. Las conversaciones transcurren siempre de forma acertada, con paso firme, sin titubeos, pero sus últimos minutos se debaten entre las fantasías y la cordura, los amores y engaños; en definitiva, la interrupción de la deriva del ser humano por la necesidad de tomar una decisión inminente.

Una brillante y encantadora Helena Bonham Carter despliega desparpajo, descaro y ternura. Los recuerdos resurgen en su fugaz viaje gracias a la presencia de él, lo que provoca que, aunque no quiera, se deje llevar por una nostálgica atmósfera que representa la figura del “otro”. La camaleónica actriz luce diferente, natural, sin excentricidades, tan sólo es ella, una mujer en los 40, que posee la estabilidad a más 5.000 kilómetros del hotel. Por su parte, el seductor Aaron Eckhart muestra seguridad a cada paso, pero también expone su mayor debilidad demasiado rápido en un juego que, en algunos instantes, expone sus egos, no con el fin de sentir superioridad frente al otro, sino de fortaleza, serenidad. Los dos conforman una pareja explosiva, vibrante, hipnótica y carismática, convirtiéndose en la mejor apuesta posible.

Más reconocida es la labor del director de fotografía norteamericano Steve Yedlin. Debutando en el largometraje con “Fashionably L.A.” (Tamara Olson, 1999) y, posteriormente, la varias veces premiada “May” (Lucky McKee, 2002), comenzó a destacar en el cine “mainstream” con las cintas “Looper” (Rian Johnson, 2012), “Carrie” (Kimberly Peirce, 2013) o Star Wars: Episodio VIII. Los Últimos Jedi” (Rian Johnson, 2017). En esta ocasión, la pantalla es dividida en dos, mostrando siempre la doble cara de la relación, forzando la atención del espectador, pero, a su vez, facilitando la oportunidad de comprender la psicología de cada uno de los personajes. A esta fragmentación visual se unen los flashbacks de una vida pasada, una juventud alocada llena de esperanzas, compromisos, planes de futuro y relaciones idílicas que acaban truncándose fácilmente y que resurgen en la imagen como una confrontación con el presente. La obra de Canosa no termina de ser redonda, pero sí un proyecto bien planificado, centrado, reposado y ejecutado y precisamente este cuidado y mimo se aprecia a cada instante. Es por eso que, muy posiblemente, “Conversaciones Con Otras Mujeres” sea uno de los pocos largometrajes que someten a juicio las relaciones sentimentales de la forma más sencilla y realista posible. Tal vez éste sea el aspecto más sensato, puesto que sus personajes, en cambio, pierden la razón a la mínima oportunidad, dejándose llevar por los deseos y por una intimidad que, en realidad, sólo recupera una pequeña fracción de su juventud, ya lejana.

Lo mejor: la obra perdería parte de su labor si no hubiera contado con tan fantástico reparto.

Lo peor: la constante sensación de que la deriva nos empuja a todos a desear vivir nuevamente en el pasado.